ESTUDIOS TEMáTICOS
ESPÍRITU DE SABIDURÍA Y REVELACIÓN — EFESIOS 1:17–23
Cuando Dios abre nuestros ojos para conocerlo
Texto principal: Efesios 1:15–23
Textos de desarrollo: Efesios 2:1–22; 3:1–21; 4:1–16; 4:17–5:17; 6:10–20
Tema central: Los creyentes de Éfeso ya habían recibido toda bendición espiritual en Cristo, pero necesitaban que Dios iluminara los ojos de su corazón para conocerlo, comprender la grandeza de lo que Él había hecho y vivir en la profundidad de esas realidades.
Propósito: Comprender qué pidió Pablo al hablar de “espíritu de sabiduría y de revelación”, por qué ambas realidades son inseparables y cómo el conocimiento de Dios conduce a esperanza, libertad, vida, madurez y plenitud en Cristo.
Introducción: tenerlo todo y vivir como si no tuviéramos nada
Imaginemos una habitación completamente oscura. Dentro de ella hay una mesa preparada, agua, alimento, ropa, documentos que acreditan una inmensa herencia y una puerta abierta que conduce a la libertad. La persona que se encuentra allí posee todo eso, pero no puede verlo. Si no sabe dónde está el alimento, continuará sintiendo hambre. Si no ve la ropa, seguirá creyéndose desnuda. Si desconoce los documentos, vivirá como pobre aun siendo heredera. Si no distingue la puerta abierta, permanecerá sentada como prisionera aunque ya pueda salir.
El problema no es que la habitación esté vacía. El problema es la oscuridad.
Cuando se enciende la luz, los objetos no aparecen en ese momento. Ya estaban allí. La luz permite verlos, reconocerlos y utilizarlos.
Algo semejante ocurre en la oración de Efesios 1:15–23. Los creyentes de Éfeso no estaban espiritualmente vacíos esperando que Dios comenzara su obra. Ya habían sido bendecidos, escogidos, adoptados, redimidos, perdonados, hechos herederos y sellados con el Espíritu Santo (Efesios 1:3–14). Pablo había oído de su fe en el Señor y de su amor hacia todos los santos (Efesios 1:15). Eran creyentes y poseían una inmensa riqueza en Cristo.
Sin embargo, Pablo se arrodilla en oración porque poseer no es lo mismo que ver; saber no es lo mismo que comprender; y conocer una afirmación bíblica no significa necesariamente vivir dentro de su realidad.
Podemos saber que somos templo de Dios y vivir sin comprender la santidad, la presencia y la dignidad que esa verdad implica. Podemos repetir que fuimos adoptados y continuar relacionándonos con el Padre como si todavía fuéramos huérfanos. Podemos confesar que no hay condenación para quienes están en Cristo y seguir viviendo bajo una sentencia que Dios ya levantó. Podemos afirmar que tenemos entrada a la presencia de Dios y orar como quienes todavía permanecen lejos. Podemos saber que Cristo venció la muerte y, sin embargo, vivir dominados por el temor a morir.
Los efesios no necesitaban mayores riquezas espirituales. Necesitaban ojos iluminados para conocerlas, comprenderlas y vivirlas.
Esta es la necesidad que da origen a la oración de Pablo y también a este estudio: que Dios quite el velo, encienda la luz y nos permita contemplarlo tal como se ha dado a conocer, para que veamos la grandeza de todo lo que Él es, de todo lo que ha hecho en Cristo y de todo lo que continúa haciendo en su pueblo.
1. Antes de pedir, Pablo muestra todo lo que ya recibieron
Efesios 1:15 comienza con una expresión que obliga a mirar hacia atrás: “por esta causa”. Pablo no inicia una nueva conversación. Su oración nace de todo lo que acaba de declarar en Efesios 1:3–14.
Antes de pedir que los ojos sean iluminados, Pablo anuncia que Dios ya actuó:
- Nos bendijo con toda bendición espiritual en Cristo (1:3).
- Nos escogió en Él antes de la fundación del mundo (1:4).
- Nos destinó para adopción conforme al beneplácito de su voluntad (1:5).
- Nos hizo aceptos en el Amado (1:6).
- Nos concedió redención y perdón por medio de la sangre de Cristo (1:7).
- Hizo sobreabundar su gracia con sabiduría e inteligencia (1:8).
- Dio a conocer el misterio de su voluntad (1:9).
- Reveló su propósito de reunir todas las cosas en Cristo (1:10).
- Nos hizo herederos conforme al designio de su voluntad (1:11).
- Nos destinó para vivir para alabanza de su gloria (1:12).
- Nos selló con el Espíritu Santo de la promesa (1:13).
- Nos dio al Espíritu como garantía de la herencia futura (1:14).
La oración de los versículos 15–23 no procura convencer a Dios de que entregue algo que se negó a dar. Pide que los creyentes comprendan la inmensidad de lo que el Padre ya les concedió en Cristo.
Este orden es decisivo. La vida cristiana no comienza en nuestros esfuerzos por alcanzar a Dios, sino en la obra que Él realizó para alcanzarnos. Tampoco crece mediante la invención de nuevas bendiciones, sino mediante un conocimiento cada vez más profundo de Dios y de todo lo que ha otorgado en Cristo.
La expresión “toda bendición espiritual” no presenta una colección de premios desconectados. Todas las bendiciones están reunidas en Cristo. Él es el centro donde la voluntad, la gracia, el propósito, la herencia y el poder de Dios se hacen visibles. Por eso crecer en el conocimiento de Dios nunca puede separarse de conocer al Hijo y comprender nuestra unión con Él.
2. Una oración con un porqué y un para qué
Pablo no utiliza palabras solemnes para producir una impresión religiosa. Cada expresión tiene una función y toda la oración avanza hacia un propósito definido.
El movimiento puede observarse así:
El Padre de gloria les conceda
→ espíritu de sabiduría y de revelación
→ en el conocimiento de Él
→ habiendo sido iluminados los ojos de su corazón
→ para que conozcan
→ la esperanza del llamamiento
→ las riquezas de la herencia en los santos
→ la inmensurable grandeza de su poder hacia quienes creen.
El texto tiene un porqué: los creyentes ya recibieron una riqueza que necesitan comprender.
Tiene un cómo: Dios, por su Espíritu, concede sabiduría, revelación e iluminación.
Tiene un centro: el conocimiento de Dios.
Tiene un para qué: que la Iglesia conozca su llamamiento, su herencia y el poder que actúa a su favor.
Y tiene una demostración: ese poder fue exhibido al levantar a Cristo, sentarlo sobre todo poder y entregarlo como Cabeza a la Iglesia.
Si se separan estas frases, “sabiduría y revelación” puede convertirse en un lema vacío. Cuando se conserva el hilo, comprendemos que Pablo no busca experiencias extravagantes: pide que la Iglesia conozca a Dios y viva a la luz de su propósito cumplido en Cristo.
3. Revelación: correr el velo
La palabra traducida “revelación” es ἀποκάλυψις — apokálypsis. Es la misma palabra que da nombre al libro de Apocalipsis. Su imagen fundamental es quitar una cubierta, correr un velo, descubrir o dejar visible algo que estaba oculto.
Revelar no significa necesariamente crear algo nuevo ni encontrar algo que antes no existía. Aquello que es revelado ya puede estar presente; lo que cambia es que la cubierta desaparece y ahora puede verse.
Esto es exactamente lo que sucede en Efesios. Las bendiciones no aparecen cuando Pablo comienza a orar. Ya habían sido concedidas. El propósito de Dios no empieza a existir cuando los creyentes lo comprenden. Había sido determinado en Cristo y ya estaba actuando en ellos. La revelación corre el velo para que contemplen la realidad en la cual Dios los introdujo.
Daniel empleó este mismo lenguaje espiritual cuando Dios le mostró el sueño de Nabucodonosor y su interpretación. El misterio no fue descubierto por la capacidad de los sabios de Babilonia. Daniel declaró que hay un Dios en los cielos que revela los misterios, saca a luz lo profundo y conoce lo que está en tinieblas (Daniel 2:19–23, 27–28).
El Nuevo Testamento conserva este principio:
- El Padre revela al Hijo y el Hijo revela al Padre (Mateo 11:25–27; 16:16–17).
- El Espíritu permite conocer lo que Dios ha concedido (1 Corintios 2:10–12).
- El misterio de Cristo fue revelado por el Espíritu a los apóstoles y profetas (Efesios 3:3–6).
- Dios manifestó las riquezas de la gloria del misterio: Cristo en su pueblo, esperanza de gloria (Colosenses 1:26–27).
En Efesios, por tanto, revelación no significa perseguir novedades para satisfacer la curiosidad. El contenido central ya ha sido declarado: Dios dio a conocer el misterio de su voluntad, que consiste en reunir todas las cosas en Cristo, y manifestó que los creyentes procedentes de las naciones son coherederos, miembros del mismo cuerpo y copartícipes de la promesa por medio del evangelio (Efesios 1:9–10; 3:4–6).
La revelación bíblica no convierte al receptor en dueño de secretos para exaltarse sobre otros. Humilla al ser humano, glorifica a Dios y dirige los ojos hacia Cristo.
La revelación quita lo que cubría y deja visible lo que Dios ya ha hecho y dado a conocer.
4. Sabiduría y revelación: una destapa; la otra sabe qué hacer con lo destapado
Pablo une sabiduría y revelación porque ambas son necesarias. No son palabras repetidas para adornar la oración ni experiencias rivales.
La revelación deja al descubierto la realidad divina. La sabiduría comprende su sentido, reconoce sus relaciones, discierne su propósito y ordena la vida conforme a ella.
Una destapa. La otra sabe qué hacer con lo destapado.
La revelación sin sabiduría puede ser tratada como un dato extraordinario, aislado del propósito de Dios y mal administrado. La pretendida sabiduría sin revelación queda reducida a prudencia humana, razonamiento o habilidad natural. Para ver, comprender, vivir y administrar lo que Dios concede, necesitamos ambas.
Daniel: revelación recibida y administrada con sabiduría
Cuando Nabucodonosor ordenó la muerte de los sabios de Babilonia, Daniel no reaccionó dominado por el pánico. Habló con prudencia, pidió tiempo, reunió a sus compañeros y buscó la misericordia de Dios. El misterio le fue revelado en una visión nocturna, pero Daniel no se limitó a anunciar que había recibido una revelación. Adoró a Dios, reconoció que de Él procedían la sabiduría y el poder, compareció ante el rey, interpretó el sueño y actuó dentro de la situación que la revelación había descubierto (Daniel 2:14–23, 27–30, 45–49).
Dios reveló el misterio; la sabiduría permitió a Daniel recibirlo con humildad, comunicarlo correctamente y administrarlo sin atribuirse la gloria.
José: la revelación convertida en acción sabia
José recibió de Dios el significado de los sueños de Faraón. Sin embargo, no terminó diciendo: “Esto es lo que ocurrirá”. Comprendió lo que debía hacerse. Propuso escoger administradores, almacenar durante los años de abundancia y preparar alimento para los años de hambre. Faraón reconoció que en José había Espíritu de Dios, entendimiento y sabiduría (Génesis 41:16, 25–39).
La revelación mostró lo que venía. La sabiduría diseñó una respuesta que preservó vidas durante catorce años de abundancia y escasez.
Pedro: una verdad revelada que todavía debía ser comprendida
Pedro reconoció por revelación del Padre que el Señor era el Cristo (Mateo 16:16–17). Sin embargo, inmediatamente rechazó el anuncio de la cruz e intentó apartarlo del camino que debía recorrer (Mateo 16:21–23). Había recibido una verdad acerca de la identidad del Mesías, pero todavía necesitaba comprender la sabiduría del propósito de Dios, en el cual la gloria pasaba por el sufrimiento y la cruz.
Este contraste muestra por qué no basta con recibir o repetir una verdad. Es necesario comprenderla dentro del propósito de Dios y permitir que gobierne nuestra manera de pensar y actuar.
5. Revelación, iluminación, conocimiento y sabiduría
Estas palabras están relacionadas, pero no son idénticas. Juntas describen un movimiento completo:
| Realidad | Acción | Resultado |
|---|---|---|
| Revelación | Quita el velo y deja visible lo que estaba oculto | La realidad divina queda al descubierto |
| Iluminación | Enciende la luz y abre los ojos interiores | Podemos percibir lo que ha sido revelado |
| Conocimiento | Reconoce quién es Dios, qué ha hecho y qué significa pertenecerle | Entramos en una relación consciente y creciente con Él |
| Sabiduría | Comprende la verdad dentro del propósito de Dios y ordena la vida conforme a ella | Lo conocido es vivido y administrado correctamente |
Podemos resumirlo así:
La revelación quita el velo. La iluminación enciende la luz y abre los ojos. El conocimiento reconoce quién es Dios y qué ha hecho. La sabiduría comprende lo revelado y sabe vivir conforme a ello.
La imagen del cuarto vuelve a ayudarnos. La revelación abre la puerta y corre la cortina; la iluminación enciende la luz; el conocimiento reconoce lo que hay dentro; la sabiduría entiende el valor, la relación y el uso de cada cosa.
Nada de esto conduce a la exaltación del creyente. Todo nace de Dios, revela a Dios y vuelve a Dios en adoración, obediencia y gloria.
6. “En el conocimiento de Él”: el centro de toda la oración
Pablo no pide sabiduría y revelación de manera indefinida. Las pide “en el conocimiento de Él” (Efesios 1:17). Esta frase protege y gobierna toda la petición.
La sabiduría y la revelación no son para inventar doctrinas, exhibir superioridad espiritual, dominar a otros ni construir un prestigio alrededor de experiencias privadas. Son para conocerlo a Él.
¿Quién es “Él”?
El antecedente inmediato es “el Dios de nuestro Señor” y “el Padre de gloria” (Efesios 1:17). Pablo ora para que la Iglesia conozca al Padre: su carácter, su voluntad, su gracia, su propósito y el poder que ha manifestado en Cristo.
Ese conocimiento no puede separarse del Hijo. El Hijo revela al Padre (Mateo 11:27); conocer al único Dios verdadero está unido a conocer a aquel que Él envió (Juan 17:3); y todos los tesoros de la sabiduría y del conocimiento se encuentran en Cristo (Colosenses 2:2–3). El Espíritu abre los ojos para que conozcamos al Padre en la revelación que ha dado por medio del Hijo.
Saber acerca de Dios no es lo mismo que conocerlo
Existe una gran distancia entre información y conocimiento personal. Una persona puede saber nombres, fechas, doctrinas, idiomas bíblicos y acontecimientos históricos sin vivir en comunión con Dios. Incluso alguien que no cree puede acumular más datos sobre la religión bíblica que muchos creyentes. Puede conocer información acerca de Dios sin conocer a Dios.
Saber se acumula. Conocer se profundiza.
Esto no significa que el contenido sea innecesario. No podemos conocer verdaderamente a Dios ignorando lo que Él ha revelado acerca de sí mismo. La diferencia está en que el conocimiento bíblico no deja intacto al conocedor. Lo conocido lo alcanza, corrige, afirma, transforma y mueve.
Conocer a Dios es reconocerlo tal como se ha dado a conocer y vivir en relación con Él. Es permanecer en su voluntad, descansar en su gracia, habitar en su amor, confiar en su carácter y vivir dentro de todo lo que ha realizado y preparado para su pueblo.
Si lo conozco, sé quién es:
- Sé que no cambia; por eso su promesa no cambia (Malaquías 3:6; Santiago 1:17).
- Sé que no miente; por eso no necesito comprobar continuamente si esta vez cumplirá (Números 23:19; Tito 1:2; Hebreos 6:18).
- Sé que es fiel; por eso puedo encomendarle lo que no controlo (Deuteronomio 7:9; 1 Corintios 1:9; 2 Timoteo 2:13).
- Sé que conoce todas las cosas; por eso ninguna necesidad, herida o lucha permanece escondida de Él (Salmo 139:1–6; Hebreos 4:13).
- Sé que es poderoso; por eso no necesito preparar una alternativa por si su poder fracasa (Jeremías 32:17, 27; Efesios 3:20).
- Sé que es amor; por eso su corrección, su voluntad y su trato no nacen de crueldad (1 Juan 4:8–10; Hebreos 12:5–11).
Muchos creyentes pueden afirmar verbalmente que Dios es inmutable, verdadero, omnisciente y todopoderoso. La pregunta es si comprenden esas verdades y viven conforme a ellas. Cuando sabemos que Dios no cambia, pero vivimos como si su fidelidad dependiera del día, poseemos la afirmación sin habitar todavía en su profundidad.
7. Epígnosis: un conocimiento que compromete al que conoce
La palabra empleada en Efesios 1:17 es ἐπίγνωσις — epígnosis. Con frecuencia se expresa como conocimiento verdadero, pleno o profundo. No debemos construir todo su significado únicamente a partir del prefijo ni suponer que siempre significa simplemente “más datos”. El contexto muestra algo mucho mayor: Pablo pide un conocimiento de Dios que involucra al conocedor y ejerce una influencia real sobre su vida.
Diversas ayudas léxicas han destacado esta participación más activa del que conoce en aquello que llega a conocer. En este sentido, conocimiento pleno no significa llenar un depósito con mayor cantidad de información. Significa que la verdad conocida penetra con mayor profundidad, gobierna la percepción y transforma la conducta.
El Antiguo Testamento expresa una concepción relacional semejante mediante el verbo hebreo yadá: Adán “conoció” a Eva, y Dios dijo de Israel que solamente a ese pueblo había conocido entre las familias de la tierra (Génesis 4:1; Amós 3:2). No se trata de afirmar que epígnosis y yadá sean la misma palabra, sino de reconocer un hilo bíblico: conocer puede describir una relación personal, comprometida y pactual, no solamente conciencia intelectual de que alguien existe.
A una persona no se la termina de conocer como se termina de memorizar una lista. Se continúa conociéndola mediante la comunión, la escucha, la confianza y la vida compartida. Por eso el conocimiento de Dios no tiene un punto de graduación.
Pablo no pide que los efesios comiencen desde cero. Ya tenían fe y amor (Efesios 1:15). Su oración no es un reproche dirigido a incrédulos, sino un llamado para que creyentes verdaderos crezcan en conocer a Aquel a quien ya pertenecen.
Una preocupación presente en las cuatro cartas de la prisión
Las cuatro cartas tradicionalmente relacionadas con el encarcelamiento de Pablo contienen la misma preocupación expresada mediante epígnosis:
| Carta | Petición o propósito | Fruto esperado |
|---|---|---|
| Efesios 1:17 | Conocimiento de Dios | Ojos iluminados para conocer llamamiento, herencia y poder |
| Filipenses 1:9–11 | Amor que abunda en conocimiento y discernimiento | Aprobar lo mejor, vivir con sinceridad y producir fruto de justicia |
| Colosenses 1:9–10 | Ser llenos del conocimiento de su voluntad con sabiduría espiritual | Andar dignamente, agradar a Dios, llevar fruto y seguir creciendo |
| Filemón 6 | Comunión de la fe eficaz en el conocimiento de todo bien recibido en Cristo | Una fe activa que reconoce y expresa el bien concedido |
Conocer a Dios produce amor con discernimiento, comprensión de su voluntad, fruto, vida digna y una fe eficaz. Nunca es acumulación estéril.
8. Los ojos del corazón iluminados
La RVR60 habla de “los ojos de vuestro entendimiento”. La lectura “los ojos de vuestro corazón”, atestiguada por manuscritos griegos antiguos y seguida por las ediciones críticas actuales, permite apreciar toda la fuerza de la imagen. No se trata de contraponer corazón y entendimiento. En el lenguaje bíblico, el corazón es el centro interior desde el cual la persona piensa, cree, desea, valora, decide y orienta su vida.
Pablo no pide solamente una mente con más información. Pide una persona interior iluminada.
La forma verbal expresa una iluminación recibida. Dios es quien alumbra. Los ojos no producen la luz; responden a ella. El salmista pide: “Abre mis ojos” para contemplar las maravillas de la Palabra (Salmo 119:18). El Señor abre el entendimiento de los discípulos para que comprendan las Escrituras (Lucas 24:44–45). Dios resplandece en los corazones para conocimiento de su gloria en el rostro de Cristo (2 Corintios 4:6).
La iluminación no hace innecesarios el estudio, la lectura ni la enseñanza. Pablo escribe una carta llena de verdad y luego ora para que Dios abra los ojos. La Palabra y la oración no compiten. El Espíritu emplea la verdad revelada para hacernos ver la grandeza de Dios y su propósito.
La luz tampoco añade muebles nuevos al cuarto. Hace visible lo que ya estaba allí.
La revelación corre el velo; la iluminación enciende la luz.
Entonces aparece el propósito: “para que conozcan”. La experiencia de iluminación tiene un contenido definido. Pablo no pide una sensación luminosa, sino una comprensión espiritual de tres realidades concretas.
9. “Para que conozcan”: las tres realidades concretas
Pablo repite una misma pregunta implícita: cuál, cuáles, cuál.
No basta con saber que existe un llamamiento, una herencia y un poder. La Iglesia necesita conocer cuál es la esperanza de ese llamamiento, cuáles son las riquezas de esa herencia y cuán inmensurable es el poder que actúa a favor de quienes creen.
Las tres realidades forman una unidad:
- El llamamiento muestra hacia dónde nos conduce el propósito de Dios.
- La herencia muestra la riqueza y el valor de aquello que Dios ha preparado en su pueblo.
- El poder garantiza que Dios es capaz de realizar y consumar lo que se propuso.
9.1. La esperanza de su llamamiento
La esperanza bíblica no es un deseo inseguro. Nace del carácter de quien llama. Es “la esperanza de su llamamiento” porque Dios tomó la iniciativa y porque su fidelidad sostiene el resultado.
Efesios muestra para qué llamó Dios a su pueblo:
- Para ser santo y sin mancha delante de Él (1:4).
- Para recibir adopción (1:5).
- Para vivir para alabanza de su gloria (1:12).
- Para realizar las buenas obras que preparó de antemano (2:10).
- Para formar un solo cuerpo reconciliado (2:14–16; 4:4).
- Para andar de una manera digna de la vocación recibida (4:1).
- Para crecer hasta la medida de la estatura de la plenitud de Cristo (4:13).
- Para presentarse finalmente como una Iglesia gloriosa, santa y sin mancha (5:25–27).
Conocer la esperanza del llamamiento significa comprender de dónde nos llamó, para qué nos llamó y hacia qué plenitud nos conduce. Quien ve esa esperanza deja de interpretar toda su existencia solamente por las circunstancias presentes.
La Iglesia puede atravesar debilidad, persecución y sufrimiento sin quedar definida por ellos. Su futuro no descansa en la apariencia del momento, sino en el Dios que la llamó conforme a su propósito.
9.2. Las riquezas de la gloria de su herencia en los santos
Pablo no habla simplemente de una herencia, sino de las riquezas de la gloria de esa herencia. El lenguaje se esfuerza por mostrar abundancia, valor y esplendor.
Efesios 1:11 declara que en Cristo obtuvimos herencia; Efesios 1:14 presenta al Espíritu como garantía de la herencia; y Efesios 3:6 anuncia que los creyentes procedentes de las naciones son coherederos, miembros del mismo cuerpo y copartícipes de la promesa.
La expresión “su herencia en los santos” también permite contemplar al pueblo redimido como posesión de Dios. La herencia no consiste únicamente en cosas que recibiremos; incluye la obra mediante la cual Dios reúne para sí un pueblo santo. La riqueza se manifiesta “en los santos”, no en una espiritualidad aislada.
Esta dimensión comunitaria atraviesa la carta. Quienes antes estaban lejos fueron acercados; los pueblos separados fueron hechos uno; los extranjeros llegaron a ser conciudadanos; quienes no pertenecían a la casa fueron incorporados a la familia; y todos están siendo edificados conjuntamente como templo y morada de Dios en el Espíritu (Efesios 2:11–22).
La herencia es gloriosa porque procede de la gracia, está reunida en Cristo, alcanza a un pueblo reconciliado y culminará en la plena posesión de lo que el Espíritu ya garantiza.
9.3. La inmensurable grandeza de su poder hacia nosotros los que creemos
Pablo acumula palabras de fuerza porque una sola parece insuficiente. Habla de poder, operación, dominio y fuerza (Efesios 1:19). No está inflando el lenguaje. Está preparando al lector para contemplar una acción que supera toda medida humana.
Además, el poder tiene dirección: es poder hacia nosotros los que creemos. No es solamente un atributo que admiramos desde lejos ni una energía impersonal. Es la acción de Dios dirigida a cumplir su propósito en su pueblo.
Pero Pablo no permite que definamos ese poder según nuestros deseos. No lo mide por dinero, prestigio, dominio político, ausencia de sufrimiento o capacidad de imponer nuestra voluntad. Muestra dónde fue ejercido:
- Dios resucitó a Cristo de entre los muertos.
- Lo sentó a su diestra en los lugares celestiales.
- Lo colocó por encima de todo principado, autoridad, poder, señorío y nombre.
- Sometió todas las cosas bajo sus pies.
- Lo dio como Cabeza sobre todas las cosas a la Iglesia (Efesios 1:20–22).
El poder de Dios es poder de resurrección, exaltación, gobierno y nueva creación. No sirve a la exaltación humana; exalta a Cristo y da vida a su cuerpo.
10. Lo que Dios hizo en Cristo explica lo que hizo con nosotros
Efesios 1 termina con Cristo resucitado y sentado en los lugares celestiales. Efesios 2 comienza con seres humanos muertos en delitos y pecados. La separación de capítulos puede ocultar la conexión, pero Pablo está explicando el mismo poder.
En Cristo:
- Dios lo levantó de entre los muertos (1:20).
- Lo sentó en los lugares celestiales (1:20).
Con nosotros en Cristo:
- Nos dio vida juntamente con Él cuando estábamos muertos (2:4–5).
- Nos resucitó juntamente con Él (2:6).
- Nos hizo sentar con Él en los lugares celestiales (2:6).
La extraordinaria grandeza del poder divino no se observa solamente en un acontecimiento exterior que contemplamos. Irrumpió en nuestra muerte espiritual, quebró la condición que nos dominaba y nos incorporó a la vida del Cristo resucitado.
Pablo no afirma que los creyentes sean independientes de la Cabeza ni que posean autoridad propia. Todo ocurre con Cristo, en Cristo y bajo Cristo. La Iglesia participa de su vida porque está unida a Él.
Esto transforma la comprensión de la salvación. No fuimos simplemente personas defectuosas que recibieron consejos para mejorar. Estábamos muertos y recibimos vida. No necesitábamos solamente educación, motivación o reforma exterior. Necesitábamos el mismo poder de resurrección que Dios manifestó en Cristo.
11. Por encima de todo poder: Cristo, Cabeza de la Iglesia
La exaltación de Cristo alcanza una dimensión universal. Él está por encima de todo principado, autoridad, poder, señorío y nombre, tanto en esta edad como en la venidera (Efesios 1:21). No existe autoridad visible o invisible que quede fuera de su supremacía.
Dios sometió todas las cosas bajo sus pies y lo dio como Cabeza sobre todas las cosas para la Iglesia (Efesios 1:22). Esto es más grande que afirmar solamente que Cristo es Cabeza de la Iglesia. El texto presenta a quien gobierna sobre todas las cosas como Cabeza entregada para beneficio de su cuerpo.
La Iglesia no recibe a un Cristo limitado al espacio religioso. Su Cabeza está por encima de todo poder existente. Por eso su seguridad, vida y esperanza no dependen de la fuerza de sus enemigos ni de la estabilidad de esta edad.
La relación entre Cristo, la Iglesia y los poderes espirituales reaparece tres veces:
- Cristo está sobre todo principado y autoridad (1:21).
- La multiforme sabiduría de Dios es dada a conocer a los principados y autoridades por medio de la Iglesia (3:10).
- La Iglesia permanece firme frente a principados, autoridades y poderes espirituales, fortalecida en el Señor y en el poder de su fuerza (6:10–12).
Cristo reina sobre ellos; la existencia de la Iglesia manifiesta ante ellos la sabiduría de Dios; y el cuerpo permanece firme contra ellos bajo la fuerza de su Cabeza.
12. La Iglesia, su cuerpo y su plenitud
Pablo culmina llamando a la Iglesia cuerpo de Cristo y “la plenitud de Aquel que todo lo llena en todo” (Efesios 1:23). No es una frase ornamental. Introduce otro gran hilo que recorrerá la carta.
La Iglesia no completa una carencia o deficiencia en Cristo. Él es quien llena todas las cosas. Sin embargo, ha determinado expresar su vida, su gobierno y su obra por medio de un cuerpo unido a su Cabeza. La Iglesia es llenada por Él, crece hacia su plenitud y manifiesta comunitariamente la vida que procede de Él.
La palabra “plenitud” reaparece:
- La Iglesia es la plenitud de Aquel que todo lo llena (1:23).
- Pablo ora para que los creyentes sean llenos de toda la plenitud de Dios (3:19).
- Cristo ascendió para llenarlo todo (4:10).
- El cuerpo debe crecer hasta la medida de la estatura de la plenitud de Cristo (4:13).
El movimiento es inmenso: el Cristo exaltado llena; su cuerpo recibe esa plenitud; y la Iglesia crece hasta que la vida de su Cabeza alcance su expresión madura en todo el cuerpo.
La sabiduría y la revelación, por tanto, no conducen al aislamiento ni a la grandeza individual. Abren los ojos para reconocer que pertenecemos a un cuerpo, dependemos de una Cabeza y crecemos juntamente con todos los santos.
13. La oración de Efesios 1 contiene toda la epístola
Efesios 1:17–23 no presenta un tema que Pablo abandona después de orar. Toda la carta desarrolla aquello que desea que la Iglesia conozca.
Efesios 2: el poder da vida y crea un pueblo nuevo
El poder que resucitó a Cristo da vida a quienes estaban muertos, los levanta y los sienta con Él (2:1–10). Luego alcanza las relaciones humanas: derriba la pared de separación, hace la paz, crea un solo y nuevo hombre, reconcilia a ambos pueblos con Dios en un cuerpo y les da acceso al Padre por un mismo Espíritu (2:11–18).
El capítulo termina con una nueva identidad: conciudadanos, miembros de la familia de Dios, edificio santo y morada de Dios en el Espíritu (2:19–22).
Efesios 3: el misterio revelado y la sabiduría manifestada
El misterio revelado consiste en que los creyentes procedentes de las naciones son coherederos, miembros del mismo cuerpo y copartícipes de la promesa (3:3–6). Por medio de esa Iglesia reconciliada, la multiforme sabiduría de Dios es dada a conocer a los poderes espirituales conforme al propósito eterno realizado en Cristo (3:10–11).
Pablo vuelve a orar. Pide fortalecimiento por el Espíritu en el ser interior, que Cristo habite por la fe, que los creyentes puedan comprender con todos los santos las dimensiones del amor de Cristo y que conozcan un amor que excede al conocimiento, hasta ser llenos de toda la plenitud de Dios (3:14–19).
La primera oración pide ojos iluminados para conocer. La segunda pide fuerza interior para comprender, experimentar y ser llenos.
Efesios 4: conocimiento, madurez y plenitud
La esperanza del llamamiento reaparece cuando Pablo ruega que anden dignamente y recuerda que existe una misma esperanza de la vocación (4:1–4). Los dones de Cristo sirven para perfeccionar a los santos, realizar la obra del ministerio y edificar el cuerpo (4:7–12).
La meta es llegar a la unidad de la fe y del conocimiento del Hijo de Dios, a un ser humano maduro y a la medida de la estatura de la plenitud de Cristo (4:13). La palabra epígnosis de 1:17 reaparece: conocimiento de Dios al comienzo, conocimiento del Hijo como camino hacia la madurez.
El resultado es dejar la niñez, no ser arrastrados por todo viento de enseñanza, hablar la verdad en amor y crecer en todo hacia la Cabeza, de quien el cuerpo recibe coordinación, actividad y crecimiento (4:14–16).
Efesios 4–5: de la oscuridad a la luz
Pablo describe a quienes viven alejados de Dios como entenebrecidos en su entendimiento y ajenos de la vida de Dios por la ignorancia que hay en ellos (4:17–18). Esta es la condición contraria a Efesios 1:18:
| Ojos iluminados | Entendimiento entenebrecido |
|---|---|
| Conocimiento de Dios | Ignorancia de Dios |
| Vida con Cristo | Ajenos de la vida de Dios |
| Nueva manera de vivir | Vieja humanidad dominada por deseos engañosos |
| Esperanza y plenitud | Insensibilidad y corrupción |
Los creyentes, en cambio, han aprendido a Cristo, deben ser renovados en el espíritu de su mente y vestirse de la nueva humanidad creada según Dios (4:20–24).
Pablo continúa: antes eran tinieblas, pero ahora son luz en el Señor; por eso deben andar como hijos de luz (5:8). El llamado “despiértate… levántate de los muertos y te alumbrará Cristo” reúne nuevamente luz, resurrección y nueva vida (5:14). Andar sabiamente implica aprovechar el tiempo y comprender cuál es la voluntad del Señor (5:15–17).
Efesios 6: el poder permite permanecer firmes
La carta termina llamando a fortalecerse en el Señor y en el poder de su fuerza (6:10). La misma realidad contemplada en la exaltación de Cristo sostiene ahora a la Iglesia en su lucha. El objetivo no es exhibirse, sino permanecer firme vestida con la armadura que Dios provee (6:11–18).
La oración del capítulo 1 alcanza, así, cada dimensión de la carta: vida, reconciliación, Iglesia, revelación, amor, plenitud, madurez, luz, sabiduría y firmeza espiritual.
14. Lo que ya se encuentra dentro del cuarto
La imagen del cuarto no debe quedar como ilustración bonita. Debe conducirnos a examinar las realidades que Dios ya concedió y preguntarnos si las vemos y vivimos.
Nueva vida y nueva creación
Estábamos muertos, pero Dios nos dio vida juntamente con Cristo (Efesios 2:4–5; Colosenses 2:13). Quien está en Cristo es nueva creación; lo viejo pasó y ha comenzado una realidad nueva (2 Corintios 5:17; Gálatas 6:15).
¿Sabemos solamente que existe una “nueva vida”, o vivimos conscientes de que la muerte espiritual ya no define nuestra identidad?
Trasladados de reino
El Padre nos libró de la autoridad de las tinieblas y nos trasladó al reino de su amado Hijo (Colosenses 1:12–14). No estamos esperando cambiar de dominio algún día: Dios ya efectuó el traslado.
¿Vivimos como ciudadanos del reino del Hijo o continuamos obedeciendo las voces del dominio del cual fuimos libertados?
Lavados, santificados y justificados
Después de describir antiguas esclavitudes, Pablo declara: “esto erais algunos”, pero fueron lavados, santificados y justificados en el nombre del Señor y por el Espíritu de Dios (1 Corintios 6:9–11).
¿Seguimos nombrándonos únicamente por aquello que éramos, o vivimos desde la obra purificadora que Dios realizó?
Vestidos de Cristo y de la nueva humanidad
Quienes fueron bautizados en Cristo se han revestido de Cristo (Gálatas 3:27). Efesios llama a despojarse de la vieja manera de vivir y vestirse de la nueva humanidad creada según Dios en justicia y santidad (Efesios 4:22–24; Colosenses 3:9–14).
La nueva vestidura no es apariencia religiosa. Es una nueva identidad que debe expresarse en verdad, justicia, perdón, amor y santidad.
Hijos y herederos
El Espíritu testifica que somos hijos; y si somos hijos, también herederos de Dios y coherederos con Cristo (Romanos 8:14–17). Efesios presenta adopción, herencia y sello como partes del propósito del Padre (Efesios 1:5, 11, 13–14).
¿Nos acercamos como hijos recibidos o como extraños que intentan convencer a Dios de que los tolere?
Resucitados y sentados con Cristo
Dios nos resucitó y sentó con Cristo en los lugares celestiales (Efesios 2:6). Esta posición no alimenta orgullo: magnifica la gracia que tomó a seres muertos y los unió al Hijo exaltado.
¿Seguimos interpretando nuestra vida únicamente desde lo terrenal y visible, o comprendemos nuestra unión con Cristo?
Libres del dominio del pecado
Nuestro viejo ser fue crucificado con Cristo para que no sirvamos más al pecado. No significa ausencia de lucha, sino que el pecado ya no posee el derecho de reinar como amo inevitable (Romanos 6:6–14, 17–22).
¿Luchamos desde la convicción de que el dominio fue quebrado o desde la resignación de quien se considera esclavo para siempre?
Libres del poder del adversario y del temor a la muerte
Por medio de la cruz, Cristo despojó a los poderes y triunfó sobre ellos (Colosenses 2:15). Mediante su muerte quebró el poder de quien tenía el imperio de la muerte y libertó a quienes vivían sujetos al temor de morir (Hebreos 2:14–15).
La muerte continúa siendo enemiga, pero ya no tiene la palabra final. Será absorbida en victoria en la resurrección (1 Corintios 15:51–57).
Libres de condenación
No hay condenación para quienes están en Cristo (Romanos 8:1). Esto no llama a tratar el pecado con ligereza; permite enfrentar el pecado desde la gracia, sin regresar a una sentencia que Dios ya quitó.
Entrada libre a la presencia de Dios
Por medio de Cristo tenemos acceso al Padre en un mismo Espíritu (Efesios 2:18), libertad y entrada con confianza por la fe (Efesios 3:12), y plena libertad para entrar al Lugar Santísimo por la obra del Señor (Hebreos 10:19–22).
¿Oramos como hijos que fueron acercados o como personas que todavía golpean desde una distancia que Cristo ya venció?
Templo y morada del Espíritu
La Iglesia está siendo edificada como templo santo y morada de Dios en el Espíritu (Efesios 2:21–22). Los creyentes también son llamados templo del Espíritu Santo y propiedad de Dios (1 Corintios 3:16–17; 6:19–20).
Podemos repetir “soy templo” sin comprenderlo. Pero si lo vemos, cambia nuestra relación con el cuerpo, la santidad, la comunidad, la presencia divina y el propósito de nuestra existencia.
Estas realidades no son frases para repetir hasta producir una emoción. Son obras de Dios que necesitan ser vistas, comprendidas y vividas.
15. Cuando el pueblo no conoce a Dios
El llamado a crecer en el conocimiento de Dios atraviesa toda la Escritura porque las consecuencias de la ignorancia espiritual son devastadoras.
Isaías declara que el pueblo fue llevado cautivo por falta de conocimiento (Isaías 5:13). El contexto muestra personas entregadas a sus placeres que no miraban la obra del Señor ni consideraban la acción de sus manos (Isaías 5:11–12). Poseían identidad religiosa, pero no estaban viendo ni reconociendo la obra de Dios.
Oseas anuncia: “mi pueblo fue destruido, porque le faltó conocimiento” (Oseas 4:6). No se trataba de ausencia de información disponible. Los sacerdotes habían rechazado el conocimiento y olvidado la ley de Dios. La falta de conocimiento era un rechazo práctico de Dios que había invadido la vida del pueblo (Oseas 4:1, 6).
Israel tenía pacto, historia, mandamientos, sacerdotes, sacrificios y fiestas. Podía saber muchas cosas religiosas y, aun así, no conocer a Dios de una manera que gobernara su vida.
Por eso los profetas llaman: “conozcamos y prosigamos en conocer al Señor” (Oseas 6:3). Jeremías enseña que nadie debe gloriarse en sabiduría, poder o riqueza, sino en entender y conocer al Señor, quien ejerce misericordia, juicio y justicia (Jeremías 9:23–24).
La falta de conocimiento produjo cautividad, destrucción y alejamiento de la vida. El movimiento contrario aparece en el resto de la Escritura:
- Conocer la verdad conduce a libertad (Juan 8:31–32).
- Conocer al Padre y al Hijo es vida eterna (Juan 17:3).
- La gracia y la paz se multiplican en el conocimiento de Dios (2 Pedro 1:2).
- Todo lo necesario para la vida y la piedad es concedido mediante el conocimiento de quien llamó (2 Pedro 1:3).
- Contemplar la gloria del Señor produce transformación (2 Corintios 3:18).
- Conocer a Cristo y el poder de su resurrección se convierte en la aspiración que relativiza toda ganancia anterior (Filipenses 3:7–10).
- Conocer el amor de Cristo conduce hacia la plenitud de Dios (Efesios 3:18–19).
- Crecer en el conocimiento del Hijo conduce a madurez (Efesios 4:13).
- La Escritura llama a continuar creciendo en la gracia y el conocimiento del Señor (2 Pedro 3:18).
El conocimiento de Dios no es una materia adicional dentro de la vida cristiana. Está relacionado con vida, libertad, gracia, paz, transformación, fruto, madurez y plenitud.
No porque el conocimiento funcione como una fórmula mágica, sino porque al conocer verdaderamente a Dios vemos quién es Él, comprendemos lo que hizo en Cristo, reconocemos quiénes somos ahora y aprendemos a vivir bajo su voluntad.
16. De saber una verdad a vivir dentro de ella
La distancia entre saber y conocer puede examinarse mediante preguntas concretas:
| Lo que afirmamos saber | Lo que significa vivir con los ojos iluminados |
|---|---|
| Dios es omnipresente | No vivimos como si estuviéramos solos o fuera de su presencia |
| Dios conoce todas las cosas | Dejamos de ocultarnos y descansamos en que ninguna necesidad le es desconocida |
| Dios es todopoderoso | No construimos nuestra esperanza solamente sobre posibilidades humanas |
| Dios no cambia | No interpretamos su fidelidad según la inestabilidad de nuestras emociones |
| Dios no miente | Tratamos su promesa como verdad y no como una posibilidad incierta |
| Somos hijos | Nos acercamos al Padre con confianza y aprendemos a vivir según la identidad recibida |
| Somos templo del Espíritu | Honramos su presencia en el cuerpo, la conducta y la comunidad |
| No hay condenación en Cristo | Confesamos y abandonamos el pecado sin vivir bajo una sentencia revocada |
| Tenemos acceso al Padre | Cultivamos oración, comunión y confianza en su presencia |
| El pecado perdió su dominio | Resistimos desde la libertad concedida y no desde la resignación del esclavo |
| Cristo venció la muerte | Enfrentamos la muerte con la esperanza cierta de la resurrección |
| Somos un solo cuerpo | Abandonamos la espiritualidad individualista y buscamos la edificación mutua |
La finalidad no es producir culpa porque todavía no vivimos perfectamente cada verdad. Pablo mismo ora por crecimiento. La finalidad es descubrir cuánto territorio espiritual puede permanecer sin habitar cuando los ojos no han sido iluminados.
El conocimiento de Dios no nos hace presumir que ya llegamos. Cuanto más lo conocemos, más comprendemos la inmensidad de su gracia y cuánto necesitamos continuar conociéndolo.
17. ¿Para qué necesitamos conocer a Dios?
La oración de Pablo posee numerosos propósitos que toda la carta desarrolla.
Para vivir en libertad
La verdad conocida rompe mentiras que mantienen al creyente pensando como esclavo. Conocer la gracia combate la condenación; conocer la adopción combate la orfandad; conocer la victoria de Cristo combate el temor servil a los poderes y a la muerte (Juan 8:31–32; Romanos 8:1, 15; Hebreos 2:14–15).
Para vivir conforme a nuestra nueva identidad
Dios no solamente nos ordena cambiar; revela lo que hizo y llama a andar de una manera correspondiente. Porque somos luz en el Señor, debemos andar como hijos de luz. Porque fuimos creados como nueva humanidad, debemos vestirnos de ella. Porque somos un cuerpo, debemos guardar la unidad (Efesios 4:1–6, 22–24; 5:8).
Para conocer y hacer su voluntad
Pablo relaciona el conocimiento de la voluntad con sabiduría espiritual, vida digna, fruto y crecimiento (Colosenses 1:9–10). En Efesios, andar sabiamente incluye comprender cuál es la voluntad del Señor (Efesios 5:15–17).
Para crecer en intimidad y oración
Conocer a Dios despierta el deseo de buscarlo, no solo de estudiar acerca de Él. La oración de Efesios es, en sí misma, una confesión de dependencia. Necesitamos que el Padre abra nuestros ojos, fortalezca el ser interior y nos permita comprender con todos los santos (Efesios 1:17–19; 3:14–19).
Para ser transformados
Contemplar la gloria del Señor nos transforma de gloria en gloria (2 Corintios 3:18). La verdad que solamente roza la superficie informa; la verdad contemplada bajo la obra del Espíritu transforma.
Para madurar y dejar la niñez espiritual
El conocimiento del Hijo conduce al ser humano maduro y a la medida de la plenitud de Cristo. La madurez impide ser llevado por todo viento de enseñanza y permite hablar la verdad en amor (Efesios 4:13–15).
Para crecer como cuerpo
El conocimiento no es una aventura individual. Pablo pide comprender “con todos los santos” y presenta el crecimiento como obra de todo el cuerpo unido a la Cabeza (Efesios 3:18; 4:15–16).
Para permanecer firmes
Conocer la supremacía de Cristo y el poder de su fuerza permite enfrentar el conflicto espiritual sin pánico ni arrogancia. La Iglesia permanece firme porque su Cabeza ya está sobre todo principado y autoridad (Efesios 1:20–23; 6:10–13).
Para glorificar a Dios
Todo comenzó con la elección, adopción, redención y herencia para alabanza de su gloria (Efesios 1:6, 12, 14). Los ojos son abiertos para que la vida entera responda con adoración a la grandeza de lo que Dios es e hizo.
18. ¿Cómo crecemos en el conocimiento de Dios?
Efesios no entrega una técnica, pero sí muestra el ambiente espiritual en el cual ocurre este crecimiento.
Dependiendo de la obra del Espíritu
Pablo pide al Padre espíritu de sabiduría y revelación y ora para que los creyentes sean fortalecidos por el Espíritu en el ser interior (Efesios 1:17; 3:16). El conocimiento de Dios no es una hazaña de autosuficiencia intelectual.
Permaneciendo en la verdad revelada
Los efesios oyeron la palabra de verdad, el evangelio de su salvación (Efesios 1:13). El Espíritu ilumina la verdad que Dios ha dado a conocer; no conduce a reemplazarla por otro evangelio.
Orando para que Dios abra los ojos
La petición “abre mis ojos” sigue siendo necesaria (Salmo 119:18). Podemos leer un texto conocido y necesitar que Dios nos permita ver una profundidad que nuestra familiaridad había ocultado.
Buscando a Dios, no solamente información acerca de Él
El estudio bíblico alcanza su propósito cuando nos lleva a reconocer, adorar, confiar y obedecer a Dios. La meta no es terminar una materia, sino conocer a una Persona.
Obedeciendo la verdad conocida
Efesios pasa continuamente de lo que Dios hizo a la manera en que debemos andar. La verdad comprendida llama a una respuesta. El conocimiento que nunca alcanza la conducta queda reducido a información religiosa (Efesios 4:1, 17; 5:2, 8, 15).
Creciendo con todos los santos
Las dimensiones del amor de Cristo se comprenden “con todos los santos”, y el cuerpo crece mediante la actividad de cada miembro (Efesios 3:18; 4:16). Nadie contiene por sí solo toda la riqueza de Cristo.
Prosiguiendo en conocer
No existe lugar para la presunción de quien piensa que ya llegó. El llamado continúa: conocer y proseguir en conocer al Señor (Oseas 6:3), crecer en la gracia y el conocimiento de Cristo (2 Pedro 3:18) y considerar toda ganancia como pérdida frente a la excelencia de conocerlo (Filipenses 3:8).
19. Lo que sabiduría y revelación no son
No son una búsqueda obsesiva de novedades
Revelar es correr el velo. En Efesios, el velo es quitado para comprender el propósito ya manifestado en Cristo, no para producir interminables doctrinas nuevas.
No son espectáculo espiritual
La revelación conduce a conocer a Dios; la sabiduría conduce a vivir conforme a Él. Cuando todo termina en la importancia del mensajero, el movimiento del pasaje ha sido invertido.
No son mera acumulación intelectual
La información es necesaria, pero no suficiente. El conocimiento de Dios ilumina, transforma, libera, madura y produce fruto.
No son independientes de Cristo
Todo lo que el Padre revela converge en Cristo: en Él reunió todas las cosas, manifestó su poder, concedió herencia y formó un cuerpo (Efesios 1:9–23).
No son individualistas
La oración está dirigida a la Iglesia. El misterio forma un mismo cuerpo; el amor se comprende con todos los santos; la madurez es crecimiento del cuerpo bajo su Cabeza.
No eliminan la necesidad de seguir creciendo
Haber conocido verdaderamente a Dios no significa haber agotado su conocimiento. Los efesios tenían fe y amor, pero todavía necesitaban ojos iluminados. La madurez cristiana no consiste en dejar de buscar, sino en buscar con mayor profundidad a quien ya conocemos.
20. Cuadro general del movimiento de Efesios
| Lo que Dios hizo | Lo que necesitamos conocer | Lo que ese conocimiento produce |
|---|---|---|
| Bendijo, escogió, adoptó, redimió y selló | La grandeza de su gracia y propósito en Cristo | Adoración, identidad y seguridad |
| Llamó a su pueblo | La esperanza de su llamamiento | Perseverancia y una vida digna |
| Concedió herencia y formó un pueblo | Las riquezas de su herencia en los santos | Comunión, pertenencia y valoración del cuerpo |
| Resucitó y exaltó a Cristo | La inmensurable grandeza de su poder | Vida nueva, confianza y firmeza |
| Nos dio vida, resucitó y sentó con Cristo | Nuestra unión con el Hijo | Libertad de la antigua condición |
| Derribó la enemistad y creó un cuerpo | El misterio de su voluntad | Unidad y reconciliación |
| Dio a Cristo como Cabeza | La supremacía del Hijo | Dependencia, obediencia y crecimiento |
| Iluminó a quienes eran tinieblas | La verdad aprendida en Cristo | Andar como hijos de luz |
| Concedió dones al cuerpo | El conocimiento del Hijo | Madurez y plenitud |
| Proveyó su armadura y su fuerza | La victoria y autoridad de Cristo | Permanecer firmes frente a los poderes |
Conclusión: conocerlo para vivir en la profundidad de lo recibido
La mayor necesidad de los efesios no era que Dios comenzara a bendecirlos. Ya los había bendecido con toda bendición espiritual en Cristo. Su necesidad era que el Padre de gloria, por su Espíritu, quitara el velo e iluminara los ojos de su corazón.
Necesitaban conocerlo.
No solamente saber que Dios existe ni acumular afirmaciones correctas acerca de Él. Necesitaban reconocer su carácter, comprender su propósito, contemplar la obra realizada en Cristo y vivir dentro de las realidades que ya habían recibido.
La revelación quita el velo. La iluminación enciende la luz. El conocimiento reconoce a Dios y su obra. La sabiduría permite comprenderla, vivirla y administrarla.
Entonces la Iglesia comienza a ver la esperanza hacia la cual fue llamada, la riqueza de la herencia que Dios está formando en los santos y la inmensurable grandeza del poder que levantó a Cristo de los muertos. Descubre que ese mismo poder dio vida a quienes estaban muertos, los levantó con Cristo y los hizo parte de un cuerpo cuya Cabeza gobierna sobre todas las cosas.
Crecer en el conocimiento de Dios no es saber cada vez más sin ser transformados. Es vivir con Él, buscarlo en oración, permanecer en su amor, confiar en su carácter, caminar en su voluntad y habitar en la profundidad de todo lo que ha hecho por nosotros.
Saber se acumula. Conocer se profundiza.
Los efesios no necesitaban mayores riquezas espirituales; necesitaban ojos iluminados para verlas, comprenderlas y vivirlas.
Por eso esta oración continúa siendo necesaria. Podemos encontrarnos dentro de una habitación llena y vivir como si estuviera vacía. Necesitamos que Dios corra el velo, encienda la luz y abra los ojos de nuestro corazón para verlo tal como es y para contemplar la grandeza de todo lo que preparó en Cristo.
Oración final
Padre de gloria, tú nos has concedido en Cristo una riqueza que supera nuestra comprensión. Danos, por tu Espíritu, sabiduría y revelación en tu conocimiento. Corre el velo, ilumina los ojos de nuestro corazón y permítenos verte tal como te has dado a conocer.
Haznos comprender la esperanza de tu llamamiento, las riquezas de tu herencia en los santos y la inmensurable grandeza de tu poder hacia quienes creen. Que no solamente sepamos lo que has hecho, sino que vivamos dentro de esa realidad.
Enséñanos a andar como hijos, herederos, nueva creación, templo de tu Espíritu y miembros del cuerpo de Cristo. Líbranos de vivir como esclavos después de haber sido libertados, como extraños después de haber sido acercados o como condenados después de haber sido justificados.
Que el conocimiento de ti produzca amor, obediencia, libertad, fruto, transformación, madurez y plenitud. Haz crecer a tu Iglesia hasta la medida de la estatura de Cristo, su Cabeza, para alabanza de tu gloria. Amén.
21. Preguntas para estudiar, enseñar y vivir
- ¿Qué habían recibido ya los efesios antes de que Pablo comenzara a orar por ellos?
- ¿Por qué “por esta causa” obliga a leer Efesios 1:15–23 a la luz de Efesios 1:3–14?
- ¿Cuál es la diferencia entre poseer una bendición, saber que existe y vivir en su realidad?
- ¿Qué comunica la palabra apokálypsis y por qué no debe reducirse a descubrir novedades?
- ¿Cómo se relacionan revelación, iluminación, conocimiento y sabiduría?
- ¿Por qué sabiduría y revelación necesitan permanecer juntas?
- ¿Qué enseñan José y Daniel acerca de administrar sabiamente lo que Dios revela?
- ¿Qué muestra la reacción de Pedro ante el anuncio de la cruz acerca de recibir una verdad sin comprender todavía todo su propósito?
- ¿Quién es el “Él” de la expresión “en el conocimiento de Él”?
- ¿Cuál es la diferencia entre saber cosas acerca de Dios y conocerlo?
- ¿Cómo cambia la vida saber que Dios no cambia, no miente y no falla?
- ¿Qué significa que los ojos del corazón sean iluminados?
- ¿Qué función cumplen la Palabra, la oración y el Espíritu en esta iluminación?
- ¿Por qué Pablo repite “cuál”, “cuáles” y “cuál” al presentar las tres realidades?
- ¿Qué incluye la esperanza del llamamiento según el resto de Efesios?
- ¿Por qué la herencia “en los santos” no debe entenderse de forma individualista?
- ¿Dónde y cómo fue demostrado el poder que actúa hacia quienes creen?
- ¿Qué relación existe entre lo que Dios hizo en Cristo en Efesios 1 y lo que hizo con nosotros en Efesios 2?
- ¿Qué significa que Cristo sea Cabeza sobre todas las cosas para la Iglesia?
- ¿Cómo se relacionan conocimiento, madurez y plenitud en Efesios 4:13?
- ¿Qué contraste existe entre los ojos iluminados de Efesios 1:18 y el entendimiento entenebrecido de Efesios 4:18?
- ¿Qué consecuencias produjeron la falta y el rechazo del conocimiento en Isaías 5 y Oseas 4?
- ¿Qué verdad bíblica sabes intelectualmente, pero todavía necesitas comprender y vivir con mayor profundidad?
- ¿Vives como templo, hijo, heredero, persona perdonada y miembro del cuerpo, o solamente conoces esas expresiones?
- ¿Qué revela tu manera de orar acerca de cuánto has comprendido tu acceso al Padre?
- ¿Qué temores muestran que todavía necesitas ver con mayor claridad la supremacía de Cristo?
- ¿Cómo puede la congregación crecer junta en el conocimiento del Hijo de Dios?
- ¿Qué cambios concretos produciría en tu vida conocer más profundamente el carácter de Dios?