En Contexto
EL CONTEXTO BÍBLICO Y SU IMPORTANCIA
Mucho más que leer un versículo antes y otro después
El enemigo llevó al Señor al pináculo del templo y allí hizo algo que debe llamarnos profundamente la atención: citó las Escrituras.
«Escrito está: A sus ángeles mandará acerca de ti, y, en sus manos te sostendrán, para que no tropieces con tu pie en piedra.» (Mateo 4:6; Salmo 91:11-12)
Las palabras pertenecían a la Biblia, pero el uso que hizo de ellas era falso. Tomó una promesa acerca del cuidado de Dios y pretendió convertirla en una autorización para tentar a Dios. El Señor respondió con otra Escritura que devolvía aquella promesa a su lugar:
«Escrito está también: No tentarás al Señor tu Dios.» (Mateo 4:7; Deuteronomio 6:16)
Aquí encontramos la primera razón para estudiar este tema: una frase puede ser bíblica y la enseñanza construida con ella puede no serlo.
No basta con que alguien diga: «Está escrito». Debemos preguntar: ¿qué significa lo escrito?, ¿por qué fue dicho?, ¿a quién?, ¿dentro de qué situación?, ¿cómo se relaciona con lo que aparece antes y después?, ¿qué lugar ocupa dentro del libro y de toda la Escritura?
Eso es entrar en el contexto.
¿Qué es el contexto bíblico?
Por lo general se enseña que el contexto es el versículo anterior y el siguiente. Revisarlos es necesario, pero la explicación queda demasiado corta. A veces la respuesta está varios párrafos atrás; otras veces se encuentra en el propósito de toda la carta, en la identidad de quien habla, en una costumbre antigua, en la situación de los destinatarios o en una pequeña palabra como porque, pero o por tanto.
Podemos expresarlo así:
El contexto bíblico es todo aquello que rodea, condiciona, contiene, conecta y permite comprender correctamente una palabra, una frase, un hecho o una enseñanza de las Escrituras.
Para reconocer su amplitud debemos considerar cuatro aspectos. Los dos primeros nos ayudan a comprender los hechos; los dos últimos, los dichos.
| Aspecto | Pregunta central | Lo que permite comprender |
|---|---|---|
| Las circunstancias del hecho | ¿Qué produjo lo ocurrido? | Causas, acciones, decisiones y consecuencias |
| El entorno del hecho | ¿Dentro de qué mundo ocurrió? | Historia, cultura, política, geografía, religión y condición espiritual |
| El contexto lingüístico | ¿Qué significan estas palabras aquí? | Frases, párrafos, conectores y argumento |
| La situación comunicativa | ¿Quién habla, a quién y para qué? | Hablante, destinatarios, problema, intención y respuesta esperada |
Estas cuatro realidades no funcionan aisladas. Un hecho contiene palabras y toda palabra fue pronunciada dentro de una situación real. Juntas nos ayudan a entrar en el pasaje, seguir su desarrollo y escuchar lo que verdaderamente comunica.
1. Las circunstancias que condicionan un hecho
Ver el resultado no significa comprender lo sucedido. Para interpretar un acontecimiento debemos reconstruirlo: ¿qué ocurrió antes?, ¿quiénes intervinieron?, ¿qué habían recibido de Dios?, ¿por qué actuaron así?, ¿qué consecuencias produjo su decisión?
Cuando David y sus hombres tuvieron hambre, comieron del pan consagrado que estaba destinado a los sacerdotes. Siglos después, el Señor recordó ese hecho cuando algunos condenaban a sus discípulos por arrancar espigas en sábado (1 Samuel 21:1-6; Mateo 12:1-7). Sus acusadores veían la acción, pero habían perdido de vista el hambre, la misericordia y el propósito de Dios.
¿Significa esto que las circunstancias convierten en bueno todo lo que alguien hace? Por supuesto que no. Significa que no debemos juzgar ni interpretar una acción antes de comprender la escena completa.
También debemos distinguir entre lo que la Biblia relata y lo que manda. Las Escrituras registran los engaños de Jacob, el adulterio de David, la multiplicación de mujeres de Salomón y la negación de Pedro. Que algo aparezca en la Biblia no significa que Dios lo apruebe ni que nosotros debamos imitarlo.
Por eso debemos preguntar:
- ¿Dios lo mandó o solamente quedó registrado?
- ¿El relato lo aprueba, lo corrige o lo condena?
- ¿Qué ocurrió antes y qué consecuencias vinieron después?
- ¿Por qué quiso Dios que este hecho quedara escrito?
Por ahora retenga esto: no convierta una conducta registrada en un mandato antes de escuchar la evaluación de toda la historia.
2. El entorno en el cual ocurre el hecho
La Biblia fue escrita dentro de pueblos, reinos, guerras, cautiverios, ciudades, templos, mercados, bodas, pactos, oficios, impuestos, monedas y costumbres reales. Sus primeros lectores sabían qué significaba encontrarse con un publicano, un samaritano, un centurión o un fariseo. Nosotros podemos leer esas palabras sin sentir el peso que tenían para ellos.
Pensemos en la parábola del buen samaritano. Si desconocemos la enemistad religiosa y social entre judíos y samaritanos, conservaremos una enseñanza correcta —debemos ayudar al que sufre—, pero no sentiremos toda su fuerza. El personaje menos esperado fue quien actuó con misericordia. El Señor derribó la frontera utilizada para decidir quién merecía ser amado y preguntó quién se hizo prójimo del hombre herido (Lucas 10:25-37).
El entorno puede ser histórico, político, geográfico, cultural, social, religioso, moral, emocional y espiritual. ¿Cuál debemos estudiar? Aquel que interviene en el significado del pasaje. No buscamos datos curiosos para aparentar profundidad; buscamos la información que permita ver lo que el texto está mostrando.
También debemos evitar inventar. Si el relato dice que alguien sintió temor, dolor o tristeza, ese dato forma parte del contexto. Si no revela lo que pensaba, no tenemos autorización para completar su mente con nuestra imaginación. Comprender el entorno no es especular; es prestar atención.
3. Las palabras dentro de su argumento
Una palabra pertenece a una frase; la frase, a un párrafo; el párrafo desarrolla un argumento dentro de un libro. Cuando arrancamos una parte de ese recorrido, todavía podemos repetir las mismas palabras, pero ya no necesariamente conservamos el mismo mensaje.
«Todo lo puedo en Cristo que me fortalece.» (Filipenses 4:13)
¿Qué significa todo? ¿Conseguir cualquier meta, asegurar el éxito de un negocio o alcanzar cuanto deseamos? Los versículos anteriores responden:
«He aprendido a contentarme, cualquiera que sea mi situación. Sé vivir humildemente, y sé tener abundancia; en todo y por todo estoy enseñado, así para estar saciado como para tener hambre, así para tener abundancia como para padecer necesidad.» (Filipenses 4:11-12)
| Lectura aislada | Lectura dentro del contexto |
|---|---|
| Cristo me permitirá conseguir todo lo que deseo | Cristo me fortalece para atravesar cualquier situación |
| El centro son mis metas | El centro es su suficiencia |
| La fe evita la escasez | Cristo sostiene tanto en la abundancia como en la necesidad |
El contexto no debilitó el versículo. Lo hizo más profundo. Pablo no celebraba el poder de controlar todas sus circunstancias; testificaba que sus circunstancias ya no controlaban su confianza en Cristo.
Lo mismo sucede con expresiones muy repetidas:
- «La carne es débil» no fue pronunciada para justificar el pecado, sino para advertir: «Velad y orad, para que no entréis en tentación» (Mateo 26:41).
- «La letra mata» no enfrenta el estudio bíblico con la vida espiritual; Segunda de Corintios 3 contrasta el ministerio de condenación con la vida del Espíritu en el nuevo pacto.
- «Somos más que vencedores» no promete ausencia de sufrimiento. Romanos 8 menciona tribulación, angustia, persecución, hambre, desnudez, peligro y espada, y declara que nada puede separarnos del amor de Dios en Cristo.
¿Lo nota? El significado no lo decide la frase que más nos gusta, sino el argumento al que pertenece.
4. La situación entre quien habla y quien escucha
Toda comunicación tiene un hablante, unos destinatarios, una situación, una intención y una respuesta esperada. Por eso no es suficiente preguntar qué dice una frase. También debemos preguntar quién la pronuncia y por qué quedó registrada.
El libro de Job contiene muchos discursos religiosos. Sus amigos hablaron acerca de la justicia de Dios y pronunciaron afirmaciones que, tomadas por separado, podían sonar correctas. Sin embargo, aplicaron verdades parciales a una situación que no comprendían y terminaron acusando injustamente a Job. Al final, Dios los reprendió:
«No habéis hablado de mí lo recto, como mi siervo Job.» (Job 42:7)
¿Cuántas veces se cita una frase de Job sin preguntar quién la dijo? ¿Dios la confirmó o corrigió al hablante? ¿Está escrita para enseñarnos una verdad o para mostrarnos cómo una explicación religiosa puede representar mal a Dios y herir al sufriente?
Que una frase esté registrada por inspiración no significa que Dios apruebe lo afirmado por cada personaje. Significa que Dios quiso que conociéramos esas palabras dentro de su historia y comprendiéramos por qué quedaron escritas.
¿Por qué es tan importante respetar el contexto?
Imagine dos vasos de agua. A simple vista parecen iguales; pero uno contiene agua limpia y el otro unas gotas de veneno. La diferencia puede no advertirse mirando rápidamente, pero sus efectos serán completamente distintos.
Así ocurre con la verdad y el error. Una falsa enseñanza no siempre se presenta rechazando la Biblia. Puede llegar cargada de versículos, palabras religiosas y promesas conocidas. Puede parecer limpia porque utiliza el mismo vocabulario. La diferencia aparece cuando examinamos de dónde fueron tomadas esas citas, qué significan allí y qué se omitió para hacerlas decir otra cosa.
Las sectas, las doctrinas erradas y los falsos ministros también citan la Biblia. Pueden presentar un arsenal de versículos para sostener sus creencias. El problema no está en las Escrituras, sino en lo que hicieron con ellas: las cortaron, mezclaron, añadieron, mutilaron o sometieron a una idea que ya habían decidido defender.
Algunos repiten el error porque así fueron enseñados. Otros actúan por ignorancia, prejuicio o lealtad a una tradición. También existen quienes tuercen deliberadamente el texto para controlar, infundir temor, obtener dinero o construir dependencia alrededor de sí mismos. La intención puede variar, pero para hacer que la Biblia enseñe algo que no enseña siempre será necesario violentar algún aspecto de su contexto.
La propia Escritura habla de:
- Torcer las Escrituras (2 Pedro 3:16).
- Adulterar la Palabra de Dios (2 Corintios 4:2).
- Pervertir el evangelio de Cristo (Gálatas 1:7).
- Invalidar la Palabra mediante la tradición (Marcos 7:13).
- Enseñar como doctrinas mandamientos humanos (Marcos 7:7).
- Añadir palabras y terminar siendo hallados mentirosos (Proverbios 30:6).
¿Por qué utiliza términos tan graves? Porque una interpretación torcida no permanece en un escritorio. Sube a un púlpito, entra en una casa, gobierna una conciencia, produce temor, dirige decisiones y termina formando una imagen falsa de Dios.
| Cuando se ignora el contexto | Ejemplo bíblico | Resultado |
|---|---|---|
| Creemos cosas que no son | La serpiente deformó el mandamiento en Génesis 3 | La mentira alteró la imagen de Dios y produjo desobediencia |
| Decimos cosas que Dios no ha dicho | Los falsos profetas hablaron sin haber sido enviados (Jeremías 23:21) | Una palabra humana fue recibida como si fuera divina |
| Hacemos cosas que Dios no ha mandado | Nadab y Abiú ofrecieron lo que Dios nunca ordenó (Levítico 10:1) | Una iniciativa religiosa ocupó el lugar de la obediencia |
Esta no es una discusión para especialistas. Una persona puede pasar años cargando una culpa que Dios nunca puso, esperando una promesa que Él nunca hizo o sometiéndose a un mandamiento que jamás salió de su boca.
Por eso respetar el contexto es vital. Nos ayuda a distinguir entre el vaso de agua limpia y aquel que fue contaminado. Nos libra de cometer el error y también de caer en él.
¿Cómo descubrir el contexto si solo tengo una Biblia sencilla?
Tal vez usted no posee un comentario, un diccionario bíblico o una Biblia de estudio. Eso no significa que esté indefenso. Una Biblia sencilla puede ser una enorme bendición cuando queremos seguir el hilo de un libro sin que títulos, subtítulos y notas interrumpan constantemente la lectura.
Los capítulos, versículos y encabezados ayudan a localizar los pasajes, pero no formaban parte de los escritos originales. A veces una división editorial corta una conversación o separa una conclusión de su argumento. Úselos para orientarse, pero no permita que decidan dónde comienza o termina la idea.
¿Qué puede hacer desde hoy?
- Lea unidades completas. No se detenga en el versículo conocido. Lea la frase, el párrafo, el capítulo y, cuando sea posible, el libro entero. Una oración puede comenzar antes del número que estamos consultando y terminar varios versículos después.
- Descubra dónde comienza y dónde termina la idea. Busque qué asunto venía desarrollando el escritor, dónde cambia de tema y si más adelante vuelve a retomarlo. No permita que un título, subtítulo o división de capítulo interrumpa artificialmente el argumento.
- Identifique las palabras clave. Preste atención a términos como ley, fe, gracia, carne, mundo, salvación, vida, muerte, promesa o reino. ¿Aparecen varias veces? ¿Se definen, contrastan o explican? Observe cómo funcionan dentro de la frase, el párrafo, el capítulo y el libro. Cuando un pasaje amplio desarrolla una palabra o un tema, estúdielo completo: no reúna versículos aislados como si todos utilizaran el término exactamente de la misma manera.
- Fíjese en los conectores. Los conectores son palabras y expresiones que unen las ideas y muestran la relación entre ellas. Algunos conectores que encontrará en la Biblia: y, pero, mas, sino, porque, pues, por tanto, por lo cual, así que, para que, a fin de que, entonces, ahora bien, asimismo. En uso: Porque introduce una razón; pero señala un contraste; por tanto o así que presentan una conclusión; si establece una condición; para que revela un propósito; por lo cual puede recoger lo anterior y llevarlo hacia una consecuencia. Existe un listado enorme de conectores y de distinto tipo que usted al leer con detención, observación los logrará identificar. Estas pequeñas palabras nos ayudan a reconocer dónde comienza un argumento, cómo avanza, dónde concluye y cuándo el escritor vuelve a retomarlo.
Aprender a seguir palabras clave y conectores nos libra de arrancar palabras, frases y oraciones de su lugar. También evita que torzamos los hechos y los dichos registrados en la Biblia, porque ya no leemos piezas sueltas: seguimos el pensamiento que las mantiene unidas y donde comienza una idea o tema y donde terminan, inclusive hasta cuando se retoman dentro de un libro.
- Haga preguntas al texto. No preguntamos para imponerle nuestras ideas, sino para escuchar lo que realmente comunica:
- ¿Quién? Identifica al que habla, escribe o actúa.
- ¿A quién? Permite reconocer a los destinatarios y su situación.
- ¿Qué? Aclara el hecho, enseñanza, mandato o promesa que se está comunicando.
- ¿Cómo? Muestra la manera en que ocurrió el hecho o fue transmitido el mensaje.
- ¿Cuándo? Sitúa el pasaje dentro de la historia y del desarrollo del libro.
- ¿Dónde? Ayuda a comprender el escenario geográfico, político, social o religioso.
- ¿Por qué? Descubre la causa, el problema o la necesidad que dio origen al pasaje.
- ¿Para qué? Revela el propósito y la respuesta que se esperaba producir.
Estas preguntas nos ayudan porque obligan a detenernos antes de concluir. Muchas interpretaciones equivocadas intentan responder algo que el texto nunca preguntó o aplican a todos una palabra dirigida a personas concretas dentro de una situación particular.
- Distinga relato de mandato. Pregunte si Dios ordena la acción, la permite, la corrige, la condena o simplemente la registra.
- Siga las consecuencias. Muchas veces el propio relato muestra si una decisión fue sabia o equivocada, aunque no aparezca inmediatamente una frase que la califique.
- Compare con el mismo libro y con toda la Escritura. Primero permita que el escritor explique sus propias palabras. Después observe cómo el tema se desarrolla en otros pasajes. Ninguna interpretación correcta terminará contradiciendo el testimonio completo de la Palabra.
- Marque lo que todavía no entiende. No rellene el vacío inventando. Anote la pregunta y continúe leyendo; muchas veces la respuesta aparecerá más adelante.
- Ore y permanezca dispuesto a obedecer. Pida a Dios que abra su entendimiento, corrija sus ideas y le permita vivir aquello que comprenda. No buscamos solamente interpretar mejor, sino creer y andar en la verdad.
¿Son inútiles las Biblias de estudio, los mapas, los diccionarios y los recursos históricos? No. Pueden ayudarnos a conocer costumbres, monedas, lugares e información que los primeros lectores ya poseían. Pero las notas no son inspiradas y ningún comentario debe ocupar el lugar de la Escritura. Primero aprenda a escuchar el texto; después utilice las ayudas para comprobar, ampliar y aclarar.
Leer de esta manera puede parecer más lento. En realidad, estamos dejando de correr sobre la superficie. Estamos aprendiendo a entrar en la historia, caminar por el mundo del pasaje, seguir las palabras y escuchar la conversación completa.
La razón de este espacio
No buscamos formar personas orgullosas que utilicen lo aprendido para discutir con todos. Queremos creyentes capaces de reconocer la verdad, distinguir el engaño, comprobar lo que reciben y ayudar con mansedumbre a quienes han sido confundidos.
Los creyentes de Berea escucharon con disposición, pero también examinaron diariamente las Escrituras para comprobar si aquello que recibían era así (Hechos 17:11). No rechazaron todo automáticamente ni aceptaron todo ciegamente. Escucharon y comprobaron.
Esa es también la responsabilidad de quienes enseñan. Un maestro fiel no reemplaza la Biblia ni crea dependencia alrededor de sí mismo. Enseña a los hermanos a acercarse a la Palabra, a comprenderla, a conectar sus partes y a crecer en el conocimiento de Dios.
¿Para qué aprender a respetar el contexto? Para conocer a Dios como Él se reveló y no como alguien lo imaginó. Para reconocer lo que realmente prometió, obedecer lo que verdaderamente mandó y permanecer en la libertad que concedió en Cristo. Para dejar de ser niños llevados por cualquier corriente de enseñanza y crecer hasta alcanzar madurez (Efesios 4:11-15).
Este es el propósito de En Contexto: regresar a la fuente, aprender a escuchar las Escrituras y permitir que la verdad transforme nuestra manera de creer, enseñar y vivir.
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No respetar el contexto bíblico te hace creer cosas que no son, decir cosas que Dios no ha dicho y hacer cosas que Dios no ha mandado.